El peronismo de San Luis en su hora más crucial

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Ni unidos, ni juntos. Los slogans que históricamente usó el Partido Justicialista de San Luis para enfrentar desde 1983 cada contienda electoral son hoy utópicos. Se ha desatado en las filas del peronismo una pelea impensada para propios y extraños: Sus máximos líderes, Alberto y Adolfo Rodríguez Saá están enfrentados, muy enfrentados y se ha fracturado el “oficialismo” que gobierna San Luis desde el regreso de la democracia.

En pocos minutos arranca la sesión del Congreso Provincial del PJ. Es el órgano legislativo que está presidido por Alberto Rodríguez Saá y que intentará hacerle una verdadera demostración de fuerza al Consejo Provincial, dominado por Adolfo Rodríguez Saá.

Eso sí, el Congreso se realizará siempre y cuando haya clima para hacerlo. Hay temor de hechos violentos.

Entre otras decisiones, seguramente hoy se votará por mayoría que el PJ participará de las Primarias Abiertas y Simultáneas (PAS) del 21 de abril para dirimir allí sus candidaturas para cargos provinciales. Es decir, que si Adolfo quiere ser el representante de ese espacio en las elecciones del 16 de junio tendrá que pasar por esa instancia.

Pero Adolfo ya avisó que no se someterá a esa interna y se presentará directamente en las generales con el frente Juntos por la Gente y obvio pretende  llevar el sello del PJ, algo que Alberto no se lo cederá.

Pasando en limpio. El Congreso de este viernes podría marcar un punto de inflexión en el distanciamiento de Alberto y Adolfo.

Alberto va a marcar la cancha: El que quiera usar el sello del PJ tendrá que ir a internas y para la categoría de Gobernador se tendrá que medir con él. Quien no se someta a la decisión del Congreso tendrá que participar de los comicios bajo otro paraguas partidario.

Pero Adolfo intentará vetar esa resolución y hasta dio señales que está dispuesto a instancias judiciales para quedarse con el escudo de Perón y Eva.

Qué explica la pelea

Ya no quedan dudas que Alberto y Adolfo están disgustados. Peleados.

Los motivos, sólo ellos lo saben en profundidad y claridad. El resto sólo puede especular y tejer supuestos sobre las causas de esta situación inédita, que queda claro no es una puesta escena, sino un enfrentamiento descarnado de los dos dirigentes de más peso político en San Luis. Y hermanos.

Los hechos que determinaron la ruptura no se los conoce. Pero se puede comprender la actitud de los dos en función de cómo piensan.

Alberto es un constructor de poder. Actúa y mueve cada músculo de su humanidad para mantener y crear poder político. Es un estratega inteligente, custodio celoso de ese poder que construye. Es en esencia, aunque él reniega cuando se lo dicen, un bicho político.

Adolfo va por el bronce. Su mirada de la vida ya no pasa por esa construcción, quiere el bronce. Y en ese deseo de inmortalizarse en un monumento, lo hizo – como se dice en criollo- “meter la pata” en la relación con su hermano.

Es que Alberto se sintió molestado en su gobernación, en el ejercicio de su poder. Adolfo hace más de un año que viene diciendo que quiere ser gobernador y esto supone menoscabar la figura del actual mandatario.

De hecho, el actual jefe de Estado dejó entrever su malestar: “La nueva oposición (Adolfo) me quiere despojar antes de tiempo del poder”.

En la otra vereda, los históricos dirigentes del peronismo suponen que esta pelea durará hasta que ambos adviertan que ese enojo entre ambos pone en riesgo 36 años de gobierno ininterrumpido del justicialismo puntano. Se ilusionan en que ellos se reconciliarán antes de junio. Pero admiten de la enorme grieta que quedará en las filas de dirigentes y militantes.

En la oposición miran de reojo este escenario. No creen en esta pelea y se aferran a una frase que sabe repetir Laborda Ibarra: “A los Rodríguez Saá se les puede decir y les han dicho de todo, menos que son b……”

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