Damián Benegas, el argentino que logró la cumbre del Everest el día del atasco fatal

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El argentino Damián Benegas vivió para contarla. Él logró la cumbre del Everest en el momento justo que se produjo un atascamiento de escaladores que terminó en tragedia: murieron 11 personas.

Esta mañana el periodista Carlos Guajardo publica en clarín.com una entrevista con Damián, quien asegura que “en la montaña no podés joder. Es preferible lidiar con el clima y no con la cantidad de gente”, dice.

“Una vez en Pakistán, estábamos colgados subiendo una montaña con Willi. De repente, se desprendió una piedra del tamaño de una heladera. No exagero. Una heladera. A pocos centímetros de que me golpeara, se partió en dos y los pedazos salieron disparados para los costados. Yo me salvé. Esos momentos son inexplicables. ¿Y eso qué fue? ¿Suerte?”, describe Damián.

Nada es ficción en la vida de Damián y su hermano Willi, escribe Guajardo. Los «mellizos maravillosos de la montaña», como los llamaron en una entrevista con el Himalayan Times. Hace 30 años -y 20 cumbres de más de 8.000 metros- salieron del nivel del mar en El Riacho, Península Valdés, para vivir aventuras en las alturas del mundo. Nacieron en San Isidro pero se criaron en las costas de Chubut: eran marisqueros. Desde chicos comenzaron a trepar paredes. La cumbre del Everest los esperaba. Y ahí fueron.

Hoy son los responsables de la agencia Benegas Brothers, una de las organizadoras de expediciones al Everest más respetadas. Willi no fue este año a Nepal. Lo hizo Damián solo, como guía de cinco escaladores. Los «puso» en la cima en esos días de «atasco humano». La temporada terminó con 11 muertos, la mayor cantidad en cuatro años.

Pero Damián igual llegó a la cima: “Para mi fue un viaje más a la cumbre. No tuve problemas. No hubo terremotos ni avalanchas ni tormentas. Siempre hay gente que toma decisiones equivocadas por falta de experiencia y de control”, le dice Clarín desde EE.UU., donde vive.

Nació el 31 de agosto de 1968, un par de segundos después de su mellizo Willi. Desde el parto sabe que hay que esperar. “Lo de la cantidad de gente no es nuevo, pasa todos los años. Y no es porque se vendan más permisos -dice-, sino porque hay poca responsabilidad de las empresas que los llevan a lograr la cumbre.»

Damián Benegas, a mitad de camino hacia la cumbre.

Da un ejemplo: “El año pasado se vendieron 365 permisos. Y este año 381. La diferencia no es tan grande para una masificación de gente en la montaña”. A ese número, aclara, «hay que agregarle otras 380 personas locales que deben acompañar a los grupos para distintas tareas”.

También asegura que tiene amigos que hicieron cumbre sin problema. «Tenían experiencia y sabían lo que tenían que hacer. Yo fui con cinco personas. Pero finalmente llegué con tres porque dos tomaron la decisión personal de no seguir. El día 22 vi el atasco y les dije ´nos vamos abajo, no seguimos'». Esperó. «Salimos al otro día y todo resultó normal aunque con un clima más desfavorable. Preferí lidiar con el clima y no con la cantidad de gente”, dice.

Entre su hermano y él tienen 19 cumbres del Everest y más de 50 en el Aconcagua. Además, en 2011 fueron protagonistas de un rescate de cinco españoles que habían quedado atrapados en la nieve. Para salvarlos, les compartieron de su propio oxígeno.

La foto histórica que se hizo viral.

“En la montaña no podés joder. Uno tiene que saber qué cantidad de oxígeno tiene que llevar. Eso es claro y clave. Si gastás un tanque para subir, tenés que tener un tanque para bajar. Hay empresas que cobran barato pero no tienen la logística necesaria para esta clase de eventos. Para darte un ejemplo: si vas a bucear y necesitás dos tanques y te dan solo uno, es seguro que algo te va a pasar”.

Admite que en Nepal no hay ningún tipo de control. Todos los que quieran pueden intentar subir al Everest. Los permisos se pagan entre 11 mil y 25 mil dólares, según la cantidad del contingente. “Últimamente han surgido empresas nuevas, con poca experiencia. Y también gente que quiere cumplir su sueño de llegar a la cima del Everest que no va con la preparación suficiente”, sigue.

A fin de cuentas, para él sí hay cosas que cambiaron en los últimos años. Pero no arriba de la montaña. “Antes los occidentales llegaban a la cima y después escribían un libro. Ahora, eso disminuyó. En cambio, si alguien de India hace cumbre, en su pueblo lo reciben como un héroe”.

Respecto a las 11 muertes, dice que es muy difícil que se sepan las causas. «En Nepal no se hacen autopsias. Pero la falta de oxígeno y el cansancio son temas recurrentes entre los fallecidos. Hay quienes llegan con el último aliento y después no les da la fuerza para bajar. Quedan en el camino. Tienen un cansancio extremo y cuando los querés ayudar reaccionan de manera violenta, comienzan a quitarse la ropa, insultan, tienen cierta agresividad”, describe.

Damián también habla del “basural” que quedó en la montaña después de la temporada: 11 toneladas de basura. Nada nuevo. “Hay que calcular que es mucha gente la que sube. Algunos pagan tan barato que la empresa no pone personas para que se encarguen de limpiar la basura. La gente hace sus necesidades al aire libre y eso queda ahí, petrificado por las bajas temperaturas. Tampoco es algo nuevo y si no le ponen un límite todo va a empeorar.”

Reconoce que “ver a 200 personas que no pueden avanzar impresiona». Pero no se corre, ni un metro, al sostener que en el Everest el problema no es de cantidad.

«Decir que todo pasó porque el gobierno de Nepal vendió demasiados permisos es banalizar el tema. La cuestión es mucho más profunda. Además hubo medios que lo tomaron todo a la ligera. Amarillos. Nadie se dedicó a investigar. Lo único que hicieron fue juzgar”, finaliza la nota.

Fuente www.clarin.com

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