“En Primera Plana”, una gran película, pero mal intencionada

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“Viste… y vos que vas todos los domingos a Misa con tus hijos”, fue el primer comentario de un ser entrañable luego de ver y comentar los detalles de la película que acaba de ganar el Oscar como mejor film, “En Primera Plana”, un casi documental que muestra los abusos sexuales por parte de sacerdotes de la Iglesia Católica Apostólica Romana en Boston.

Y en rigor eso es lo que provoca ver la película. Un primer rechazo a la Iglesia, a sus hombres  y mujeres que la conducen (Sacerdotes y Religiosas). La historia relatada en pantalla grande impacta, conmueve y sus mentores parecen lograr el objetivo: desacreditar a la Iglesia, demostrar que uno de los últimos bastiones que le quedan incólumes a la humanidad, también está herrumbrado y entonces todo debería pudrirse.

Así planteado el relato, la Iglesia pierde solvencia. Su máxima autoridad, el Papa, pierde autoridad para hablar de sexo o de cualquier otra miseria humana. La gente podría refregarle el pasaje Bíblico: “No mires la paja en el ojo ajeno sino la biga en el tuyo”.

“Basada en una historia real”, aclara el director Tom McCarthy, al señalar que su producto es verdad. Y no miente, su audiovisual es un hecho de la realidad. Hubo curas de la Iglesia Católica que cometieron, y seguramente cometen, abusos sexuales.

Pero McCarthy, en referencia a lo ocurrido en Boston, no cuenta toda la verdad. Se detiene en lo escandaloso, repudiable y condenable del abuso. Todos levantamos nuestra condena a quienes aprovechan su poder especial, como el que tiene un sacerdote sobre seres necesitados, para someterlos. Pero eso no quiere decir que la institución Iglesia sea una matriz donde se promocionan, protegen y ocultan estos hechos.

Está basada en una historia que ocurrió, pero omite el desenlace. No dice que la propia Iglesia hizo una histórica purga, y que aunque no se admita fue uno de los motivos por los que el intelectual Joseph Alois Ratzinger debió renunciar al Pontificado, no por complicidad, sino por su falta decisión firme en este flagelo.

Los cinéfilos la promocionan con mucho entusiasmo y escriben una sinopsis mas o menos en coincidencia: “Narra la investigación del Boston Globe ganadora del Premio Pulitzer que sacudió a la ciudad y causó una crisis en una de las instituciones. Cuando el tenaz equipo de reporteros Spotlight del periódico profundiza en las acusaciones de abusos dentro de la Iglesia Católica, su investigación de un año descubre varias décadas de encubrimiento de pederastia en los más altos niveles de las jerarquías religiosa, legal y gubernamental de Boston, desatando una ola de revelaciones alrededor del mundo”.

Y los especialistas en la pantalla grande no se equivocan, esa es la película, un relato bastante ajustado a los hechos tal como ocurrieron. Dolorosos y repudiables. Desde la técnica es irreprochable, pero desde lo religioso marca toda una tendencia negativa hacia la Iglesia.

Sacerdotes consultados por esta periodista sobre la película, señalaron que “se queda a mitad de camino porque muestra las cosas de manera parcial y deja  bastante expreso el ataque hacia la Iglesia”.

“Quienes hicieron la película tienen un punto a favor, y es que los abusos existieron, eso es verdad, pero no dicen en el film todas las acciones muy drásticas que se tomaron contra quienes hicieron esto. La Iglesia tiene sus miserias, no las ocultas, busca cada día curarlas”, le dijo a este medio un sacerdote con altura intelectual, religiosa y ética para opinar del tema.

Es una gran película, desde lo cinematográfico, pero un gran ataque a la Iglesia como institución y que lleva a reflexiones como: “Y vos que vas todos domingos a Misa con tus hijos”.

Mi respuesta: … Y seguiré yendo todos los domingos…

Yamila Fernández

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