Encapuchados, palos y bombas molotov: Hasta ese límite está llegando la política o los políticos

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Hace unos años escuché decir que el plano inclinado en la política argentina parecía no tener fin, un fondo. Y estaba en lo cierto el autor de esa reflexión: no se toca fondo nunca cuando la decadencia alcanza a los políticos.

La violencia que vimos anoche tras la marcha para reclamar la aparición con vida de Santiago Maldonado forma parte de ese plano inclinado, descendente y decadente.

Esos encapuchados armados con palos y bombas molotov no son dirigentes o militantes, sino funcionales a intereses políticos.

Es la política la responsable de lo que nos está pasando a los argentinos.

Un Macri que no escucha y tensa la cuerda con altanería y una oposición (especialmente la radicalizada) abatida en las urnas y desesperada por recuperar el poder son el caldo de cultivo para que estas organizaciones violentas que ahora se llaman “Anárquicas” salgan a las calles a sembrar miedo.

Seamos honestos. A cuántos de quienes están levantando carteles para que Santiago Maldonado aparezca con vida, realmente les interesa la vida de este joven, que parece un empecinado en luchar por causas justas.  Y a cuántos de quienes salen a defender al Gobierno realmente están comprometidos con la democracia y la vida.

Hay hipocresía. Al gobierno nacional no le importa o no está en su lista de prioridades aclarar el tema Maldonado y en la oposición mientras no aparezca (vivo o muerto) antes de las elecciones mejor.

Ojo con la violencia en Argentina. Miremos bien y hagamos una lectura correcta de lo que pasó anoche.

Sí, es cierto, fue un grupo minoritario el que empañó la movilización nacional para reclamar la aparición con vida de Santiago Maldonado. Buenos Aires y El Bolsón fueron puntos convulsionados y donde las imágenes televisivas mostraban hechos que deben activar todas las alarmas, no sólo en las autoridades sino también en la sociedad misma.

En medio de todo, no faltó el ataque y agresión a periodistas, lo cual repudio enérgicamente porque maltratar a un comunicador es un acto de intolerancia, cobardía y una muestra acabada de NO RESPETAR LA OPINION O PENSAMIENTO DEL OTRO.

Ojalá después de octubre haya paz. Y como dicen en las iglesias: Que así sea …

Yamila Fernández

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