Esto lo escuchamos antes y sabemos los resultados: Blindaje, ajuste del gasto público, recorte presupuestario y corridas cambiarias

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La profundización de la crisis económica argentina se aceleró en las últimas jornadas. El dólar y la inflación son los granos con pus por donde la enfermedad empieza a manifestarse y hacerse visible.

Esta semana hubo una “corrida cambiaria”, los grandes inversores salieron a comprar moneda americana, esa demanda hizo trepar la cotización por encima de los 23 pesos y el Banco Central se vio en la obligación de salir a vender dólares para frenar la suba.

Eso ocurrió miércoles y jueves, día en que el equipo económico del presidente Mauricio Macri, debió  anunciar un paquete de medidas para dar señales “buenas” a los mercados y “malas” a la clase media y los trabajadores.

Al mercado, Macri le dijo que hará un recorte del gasto público y pondrá metas fiscales más ambiciosas. Adelantó un cambio en su plan fiscal para este año para hacer caer el déficit primario hasta el 2,7% del Producto Bruto Interno y el financiero al 4,9%.

“Queremos ratificar el rumbo de la política fiscal ante expresiones demagógicas (de la oposición). Vamos a modificar la meta fiscal del 3,2% al 2,7%, lo que significará un ahorro superior a los 3.000 millones de dólares”, dijo Nicolás Dujovne, ministro de Hacienda.

Esas buenas noticias para el poder económico son malas para el ciudadano común. Traducido: Bajar el gasto público quiere decir más despidos de trabajadores en el Estado, recortes en planes sociales y paralización de la obra pública.

En la ecuación,  pierde la gente que no vive mirando pizarras de cotización, sino a qué hora pasa su tren o colectivo para ir trabajar y ganarse un sueldo que, sabe, es devorado por la inflación.

En síntesis, esta semana volvieron a sonar en nuestros oídos palabras que ya hemos escuchado y cuyos efectos los conocemos muy bien: Blindaje (el  propio gobierno nacional adelantó que negocia con el FMI un préstamo de 30 mil millones de dólares para reestablecer las reservas del Central); corrida cambiaria (lo dicen las bocas de los propios funcionarios naciones) y recortes.

Si Tato Bores estuviera entre nosotros, no le haría falta escribir nuevos monólogos. Con sólo cambiar algunos nombres de personajes se adaptarían con exactitud a la realidad.

Yamila Fernández

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