Feliz fin de año y buen comienzo de 2014

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El final de un año traza una línea imaginaria en las personas y en una sociedad. Marca supuestamente el cierre de una etapa y el comienzo de otra; y por nuestra propia naturaleza nos ponemos expectantes, con esperanza, alimentamos todos los sueños y decimos que el año que está llegando será mejor que este.

Podríamos decir que todos nos damos por estas horas un buen baño de optimismo para mirar hacia adelante y esperar que todo cambie.

Y si todos tenemos ese deseo es porque sabemos conciente con inconcientemente que tenemos situaciones que no están bien y deben ser corregidas

Cuando comencé a redactar esta editorial de despedida de año recordé la reflexión de William George Ward, al opinar sobre los distintos comportamientos de los marineros en un barco frente a una tormenta: “El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas”.

Es una sabia síntesis de cómo actúan de manera diferente las personas frente a situaciones críticas.

Si pensamos como el pesimista diríamos que finalizamos un año difícil, horrible, cargado de problemas. Si lo hacemos con el lente del optimista, reconocemos las dificultades pero cómoda y alegremente nos sentamos a esperar que las cosas cambien o mejoren. Y si nos movemos como el realista, hacemos todo lo anterior, con la diferencia de que nos ponemos manos a la obra y buscamos soluciones. Obvio: ¡un año nuevo no trae por sí solo soluciones!

No voy en estas breves líneas hacer un anuario de lo bueno y malo de 2013 porque nos los creo tontos queridos lectores y ustedes saben bien todo lo que pasó en estos 12 meses de 2013.

Simplemente quiero sumar, como comunicadora social y periodista, un pequeñísimo granito de arena para que empecemos a ser más realistas y enderecemos las velas de este barco.

Las cosas no están bien en Argentina, y por supuesto en San Luis tampoco. Y no me refiero a cuestiones económicas, porque mirar el presente sólo a través de ese cristal es un simplismo perverso.

Cuando digo “no están bien”, me refiero a que como sociedad estamos enfermando de un mal endémico que lo llamo “incultura” o involución cultural en cuanto que seres de una comunidad que comenzamos a tener comportamientos más de animalitos (con el respeto que ellos merecen) que de personas civilizadas.

¿Con cuántas personas nos cruzamos en el día y a cuántas de ellas les decimos buenos días, o le sedemos el lugar en una fila si se trata de alguien más desvalido que nosotros. Cuántas veces pedimos por favor. Cuantas veces al día violamos las normas de tránsito?

Decir que ha bajado notablemente el analfabetismo y caretear con ese dato para asegurar que la educación en Argentina “está muy bien” es sólo medir una parte muy pequeña de la realidad. Con saber leer y escribir no alcanza para hacer una gran Nación como nos mienten desde hace dos siglos quienes tuvieron la responsabilidad de gobernar y dicen que van a construir o que estamos construyendo un gran país.

No podemos avanzar para ningún lado sino mejoramos nuestras formas de relacionarnos con el otro, y aplicar una fórmula clave: Respeto, esa es la vela que debemos enderezar.

Feliz año queridos lectores.

Yamila Fernández

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