Hace 208 años que intentamos ser una Nación y todos los días volvemos a foja cero

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La tensión que se vivió ayer en Buenos Aires por el conflicto con los trabajadores del subte sumerge al país en precipicio que parece no tener fin. Los nombres y apellidos de los protagonistas casi no interesan porque las escenas son las mismas que desde hace 208 años: violencia, división, intolerancia, no dialogo, no construcción. Enfrentamiento entre el que reparte y el que debe recibir.

Puede ser cuestionable desde lo político pero no en el plano judicial la acción de Néstor Segovia, adjunto de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP) de interrumpir el servicio de la manera en que lo hizo.

El derecho a reclamar y peticionar ante las autoridades está consagrado en nuestra Constitución y no se puede criminalizar la protesta social.

Los excesos en esas manifestaciones muchas veces están ligados al hartazgo y otras a un caldo de cultivo alimentado por la propia dirigencia política en sectores muy virulentos que están más allá de las necesidades de los trabajadores.

 No ser escuchados deriva en violencia. Como todo. Se habla una vez, dos, tres. Se advierte y ante la no recepción viene la reacción, que no se justifica, pero se la comprende.

El que reparte, en este caso el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, actuó y actúa mal. No sólo baja un mensaje que alienta la división entre los trabajadores. “Hacen un paro contra las un millón de personas que usan el subte…”. No es así, el paro es contra ellos porque cerraron una paritaria por un aumento de 15% con la UTA y dejaron marginados de la negociación AGTSyP, amparándose en un fallo de la Corte Suprema que les niega personería gremial, situación gravosa porque en Argentina hay libertad de asociación y no hay motivos para impedirle a estos trabajadores constituir su propio sindicato.

La falta de dialogo honesto y abierto de las autoridades de turno generan violencia institucional. Que lamentablemente es respondida.

Tomando esa antigua definición romana: JUSTICIA es dar a cada uno lo suyo… En Argentina ese principio hace mucho que no corre. O sea, ocurre lo opuesto: INJUSTICIA y por eso  las protestas.

Yamila Fernández

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