Infancia Misionera: El Papa valoró el proyecto “Los niños ayudan a los niños”

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El Papa Francisco  rescató y valoró el plan puesto en marcha por la Iglesia para ayudar a niños de países que están en crisis y donde se han instalado comunidades misioneras

Gracias a la generosidad de los niños de todo el mundo -reunidos en el Fondo Universal de Solidaridad de la Obra de Infancia Misionera-, se han logrado sostener cerca de 2.800 proyectos de ayuda a la Infancia de los territorios de misión. Cien años antes del nacimiento de Unicef y 80 antes a la Declaración de los Derechos del Niño de Ginebra, Infancia Misionera, bajo el lema: “Los niños ayudan a los niños”, es pionera en la defensa de la dignidad y el aporte de los niños a la sociedad y a la Iglesia. Fue en 1843, en Francia, cuando monseñor Forbin Janson recurrió a los niños de su diócesis -en vez de a grandes benefactores- para ayudar a los niños necesitados en China y dio nacimiento a esta Obra Pontificia.

Entre muchos otros proyectos en África, se enviaron 6.000 euros a la hermana Adriana Nishiyama, para la compra de alimentos, sobre todo leche, para los niños de Bafatá, en Guinea-Bissau, apoyando la labor que hace esta religiosa y el personal de esta diócesis en la prevención de la desnutrición a través de los Centros de Recuperación Nutricional.

En América, en concreto en Colombia, Infancia Misionera financió con 10.000 dólares el comedor de primera infancia del Vicariato Apostólico de Inírida, a orillas del río del mismo nombre. Con este dinero se comprará arroz, verduras, pescado, carne, legumbres, frutas, huevos, etc. Muchos de los niños de este comedor son desplazados de otros lugares por culpa del conflicto armado que sacude el país.

En Asia, entre otras ayudas, se enviaron 5.000 dólares a la parroquia de Mundumala, en Bangladesh. La parroquia abarca 70 aldeas en una zona tribal y la gente es muy pobre, por lo que muchos pequeños sufren de malnutrición. La parroquia ha asumido la responsabilidad de dar alimento a 410 niños, a los que se escolariza en diversas escuelas.

En Oceanía, en las Islas Cook está Rarotonga, a unos 3.000 kilómetros al este de Nueva Zelanda. Allí el padre Paul Donoghue lleva adelante un proyecto diocesano de ayuda a niños necesitados. Se le han enviado 2.000 dólares para gastos de alimentación de 30 niños. Sus padres trabajan en el extranjero dejando a sus hijos con los abuelos en casa. A muchos abuelos les cuesta mantener a sus nietos, porque no tienen ingresos.

También en Europa los niños lloran. Se enviaron 6.000 dólares para mantener la “mesa abierta” para niños necesitados en Lumas, en las montañas de Albania. Allí está el Centro Vicentino, donde a este proyecto de alimentar a 120 niños lo llaman “el amor no tiene fronteras”, muy en la línea de Infancia Misionera. Con este dinero, la hermana Rosaria Scuotto y las Hijas de la Caridad comprarán pan, pasta, arroz, carne, fruta.

Como Escuela de formación Infancia Misionera “educa en la fe y solidaridad misionera, y enseña a los niños a seguir a Jesús y a ayudar a otros niños del mundo”. (AICA)

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