Investigadores de UNSL recrearon una molécula que retrasa los síntomas del Alzheimer

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En un trabajo conjunto, investigadores de la Universidad Nacional de San Luis y de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), recrearon una molécula inspirados en un péptido (pequeñas proteínas), extraído de la “ranita del litoral” (Hypsiboas pulchellus), que inhibe enzimas involucradas en la aparición de los síntomas del Alzheimer. El avance científico demostró ser eficaz para el desarrollo de nuevos fármacos para combatir la etapa inicial de la enfermedad.

La investigación comenzó con un trabajo previo en la Facultad de Química y Ciencias Biológicas de la UNL, cuyo autor fue Álvaro Siano del Laboratorio de Péptidos Bioactivos, a cargo de Georgina Tonarelli. Ante la incógnita sobre cómo actuaba la mini proteína y el método para modificarla, los especialistas convocaron a sus colegas de la Facultad de Química, Bioquímica y Farmacia (FQByF) de la UNSL y del Instituto de Multidisciplinario de Investigaciones Bioquímicas (IMIBIO) del Conicet San Luis, quienes cuentan con una vasta experiencia en el diseño de fármacos para descifrar el mecanismo de acción.

“Logramos confirmar que el péptido tienen una buena estructura de partida para crear un fármaco, el efecto lo tiene y las ventajas es que al no tener toxicidad actúa como un inhibidor de la enzima. El dato interesante es que tiene un mecanismo distinto a la de las drogas que actualmente se usan, con un ‘efecto paraguas’”, explicó el director del IMIBIO, Dr. Daniel Enriz, quien agregó que el descubrimiento –que fue publicado por la revista “Journal of Peptide Science”-  podría ayudar a los pacientes a mejorar  en una etapa temprana del Alzheimer, al momento de aparición de los síntomas (como la falta de memoria). Sin embargo, aclaró que no es un paliativo definitivo, ya que la enfermedad aún no tiene cura.

Actualmente, los investigadores de ambas universidades continúan con los ensayos de laboratorio para profundizar los estudios de las moléculas para su aplicación terapéutica. Sin embargo, Enriz advirtió que el inconveniente es que al tratarse de una estructura inicial, previamente debería modificarla por su baja biodisponibilidad, lo que demandaría altas dosis.

“Su desarrollo requeriría como mínimo ocho años, en colaboración con la industria farmacéutica. En el ámbito científico significa un avance importante porque no hay una cura definitiva para la enfermedad y esto podría ayudar en las etapas iniciales de aparición”, aseguró el titular del IMIBIO.

Fuente Prensa UNSL

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