Juan Pablo Sarjanovich y el fino arte de la humildad, aún en lo más alto del mundo

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¿Por qué escalar montañas?, la respuesta que salió de la boca de George Mallory, uno de los más geniales escaladores del siglo pasado, no dejó lugar a repreguntas: “Porque están ahí”. Es simple, así como se surcaron mares, cruzaron desiertos y se lanzó al espacio, ahí están estas moles también para ser conquistadas por el hombre, especie insaciable que siempre va más allá de los límites.  

Lionel Terray redondeó la idea: “La montaña quizá no sea más que un ingrato desierto de roca y hielo, sin otro valor que el que nosotros queramos otorgarle. Pero, sobre esta materia siempre virgen, por la fuerza creadora del espíritu cada uno puede a su gusto moldear la imagen del ideal que persigue”.

Juan Pablo Sarjanovich sabe de qué están hablando Mallory y Terray. Él no escala por hazaña, aventura o establecer récord. Está decididamente lanzado en su vida a conquistar cumbres, porque “están ahí”, porque le pone corazón y espíritu a su gusto.

Juan Pablo, es humilde, valor que lo lleva a compartir experiencias, enseñar y alentar a pares montañistas. Así llegó por segunda vez a la villa turística de Merlo, donde dio una conferencia a pocos días de haber logrado la cumbre de la tercera montaña más alta del mundo, el Monte Kangchenjunga de 8586 MSNM, ubicado al noreste de Nepal. Es el primer argentino en lograr esa proeza.

Allí, en la Casa del Poeta Antonio Esteban Agüero, Juan Pablo recitó su mejor poesía, la que relata su vida de montañista.

Al auditorio le adelantó que tiene en marcha una iniciativa que denomina “Proyecto 8 miles” con el que prevé hacer cumbres en cumbres nunca alcanzadas.

“En la montaña, la posibilidad de emocionarte es muy poca, porque necesitas enfocado, concentrado en los que haces. Las emociones afloran en encuentros como estos, donde uno puede volver a revivir toda esa experiencia y tomar dimensión de lo hecho”, dijo.

“Soy amateur, pero estoy muy comprometido con lo que hago. Desearía que Argentina le diera una espacio más serio al montañismo. En otros países de Latinoamérica la actividad se ve de otra manera”, observó.

Aseguró que “el Everest es la montaña del ego” y afirmó no tener opinión al respecto.

Juan Pablo tiene 42 años es de Santa Fe y licenciado en administración agraria y tiene en su legajo una cumbre de ocho mil metros, en el 2016, año Argentino del Manaslu (8163 mts), la octava montaña más alta del mundo. Varias cumbres por todo Sudamérica como el Aconcagua, Ojos del salado, Cotopaxi y Tollclaraju entre otras. También Europa lo tuvo en sus tierras, el Mont Blanc (ascendiendo por la vía italiana), los Alpes, Picos de Europa y las Dolomitas.

Antes de llegar al Kangchenjunga, se entrenó  en El Chalten y en Mendoza corriendo en altura.

“Es una montaña que por sus características particulares me sedujo desde un comienzo: tiene una aproximación larguísima, casi no se ven montañistas en temporada y el día de cumbre es extremadamente largo y desgastante, hay que tener mucha paciencia. También es un área que me seduce caminar. Es autóctona, no pensada para recibir turismo, tiene población local que vive ahí de toda la vida no fue creada para recibir el turismo como pasa en aéreas más trilladas como la del Everest, Lang Tang o Pokhara. Además ningún argentino la subió y eso no puede ser. Eso me motiva más”, le dijo unas semanas antes de partir al sitio especializado alpinismonline.com.

En El Chalten, en tan sólo una semana caminó más de 100 kilómetros a más de 5000 mts de desnivel en medio de hielo, nieve y cerros.

Llevó adelante una dieta equilibrada. Él es su propio cocinero, pero lo supervisó una nutricionista. También lo ayudó la kinesióloga, Angie Pidone,  del Club de Escalada de Rosario.

“Mi vida está en las montañas. Si de chico hubiese tenido en claro quién era y  cuales eran mis deseos seguramente sería profesional hoy día y trabajaría de eso. Pero la vida no siempre se da como uno espera o quiere”, reflexionó.

Con respecto a su entorno, Juan Pablo indicó que no le da “oportunidad a nadie que intente transmitirme preocupaciones o inquietudes. Solo absorbo buenas vibras”.

“Buenos Aires mira al mar, no a la montaña como Santiago de Chile donde los montañistas ocupan otro lugar en el imaginario social. Lo tenemos a San Martin con su famoso cruce de los Andes pero no pasamos de ahí. No hay amor patrio por la montaña a nivel masivo y popular, no la asociamos con valores, proezas o hitos a tener en cuenta como si sucede por ejemplo con el fútbol y algunos otros deportes. Hay mucho desconocimiento. Recién ahora con el boom de las carreras se está despertando mucho el amor hacia los senderos de montaña y la gente se está acercando de manera considerable pero aún cuesta ver gente, incluso en pleno verano”, observó.

La charla de Sarjanovich fue organizada por el Club Andino de San Luis y contó con el auspicio del gobierno provincial.

El evento, de alto interés para quienes practican montañismo, fue enriquecedor por la experiencia compartida y los tips de autosuperación.

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