La muerte de Florencia se podría haber evitado y su caso en cuestión de horas sólo será recordado por la estadística

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A ver. Creo que es bueno aclararlo. Las marchas, grandes movilizaciones y todas las acciones que se están desplegando en todo el país bajo el lema #NiUnaMenos, no son para que los golpeadores, fimicidas o potenciales de ambas condiciones reflexionen y se detengan, de hecho no lo hacen ni lo harán. No. En su esencia, el mensaje es para la mujer, para nosotras. Nadie nos cuidará mejor que nosotras mismas.

En las marchas se está diciendo que ante el mínimo amague o amenaza de violencia del hombre que está tu lado o de cualquiera, lo denuncies y te abras de la historia.

Por eso creo que la muerte de Flor se podría haber evitado. Y en esto no sólo hay que cargar las tintas sobre la madre, que reconoció en las últimas horas que era víctima de violencia por parte de Lucas Gómez, su pareja y padrastro de esta pequeña que asesinó y violó según pudo probar la Justicia y está preso.

Carina, la mamá, seguramente alguna explicación deberá dar. Cómo no se dio cuenta que su hija estaba siendo abusada por su pareja. Sin juzgarla, es difícil no advertir tamaño horror y padecimiento de alguien tan íntimamente ligada.

Tampoco se comprende cómo ella defendió a su pareja a capa y espada en los medios y redes sociales. Cómo no advirtió ni siquiera que hasta se había rapado y cambiado su aspecto. Son dudas que deberá despejar.

Y si algo faltaba, borró todo de su cuenta de Facebook, no dejó rastros de nada. Sobre todo de su defensa a Gómez.

En otro escenario, a las autoridades de la escuela Rosario Simón a la que iba Florencia también les cabe algunas preguntas. Y la gente que participó de la marcha este sábado se lo hizo saber a la directora del establecimiento educativo, Alejandra Werchracki, que estaba en esa movilización y tras mostrarse indignada, fue blanco de cuestionamientos.

¿Cómo no pudieron darse cuenta del padecimiento de esta nena?, la increparon.  Evidentemente no lo vieron. Y por eso se hace necesario que todos los docentes sean capacitados para detectar estos casos en el aula.

Otro. El sistema de salud no pudo no detectar las lesiones producto de las vejaciones a las que era sometida. Y esto es grave, porque la misma madre dijo que una semana antes del asesinato la había llevado a controles a un centro asistencial.

Florencia, violada y abusada con sus 12 años caminaba entre nosotros y nadie se pudo dar cuenta de su calvario, como bien lo definió el forense.

Ese cuadro nos pinta de cuerpo entero como sociedad. Indiferentes.

Y estamos lejos de cambiar. En pocas horas Flor será parte de la estadística de que en Argentina muere una mujer cada 30 horas en manos de un femicida.

Cuando decimos basta, no se lo reclamos al violento-femicida, sino a ti mujer. Sólo vos podés parar esto, denunciado, abriéndote de la “historia”. Ojalá no haya otra Flor…

Yamila Fernández

Mujer – Mamá – Periodista

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