Ni intervención, ni AFSCA; libertad de prensa y de ejercicio de la profesión

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El ex presidente de Uruguay, José Mujica, tuvo una sabia definición sobre la vida del periodismo y la comunicación social en un país: “La mejor ley de prensa (o de medios) es la que no existe”,  para garantizar de esta manera que la libertad de prensa se cumpla acabadamente  y que sea la comunidad la que en última instancia crea “una verdad” u “otra verdad” cuando las realidades estén pintadas de dos o más colores


Aunque este mandatario terminó haciendo otra cosa, su frase se convirtió en célebre  y tomada por grandes medios mundiales.

Mújica dio en el clavo. Los países más desarrollados democráticamente no tienen  un sistema legal que regule la prensa o el periodismo. Sí crean marcos legales que le imponen derechos y obligaciones a las empresas en las que se despliega la actividad informativa.

En Argentina desde el 10 de octubre de 2009 rige la ley La Ley 26.522 denominada “Ley de Medios”  impulsada por la  ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien la calificó “la madre de todas las batallas” y reemplazó a la Ley de Radiodifusión 22.285, promulgada en 1980 por la dictadura militar.

Esa norma fue atacada judicialmente en la Corte Suprema y en instancias inferiores de la Justicia Federal por organismos no gubernamentales, medios, y estados provinciales, como San Luis, por considerarla Inconstitucional. Alguno de los argumentos fue que nuestra Carta Magna  le veda al Ejecutivo nacional la posibilidad de regular la actividad de la prensa.

O sea, lo que dijo Mujica, según esta posición, ya estaba en la Constitución argentina. No se debe regular la prensa, no se debe legislar sobre ella y debe reinar la más absoluta de las libertades. Ese fue el espíritu de nuestros constitucionalistas en 1854 y respetado en la reforma de 1994.

Pero en 2003 llegó la era K, toda una época setentista, revisionista y “romántica”. De la mano de Néstor, y más tarde de Cristina, volvió el clima “Monto” y de izquierda a la Argentina, lo cual abrió una fisura inevitable en la sociedad porque se fueron a uno de los lados de la banquina, el izquierdo, y eso, como si se hubieran ido hacia la derecha, te lleva a una colisión segura. No estuvieron en el camino por el que todos transitan.

Creyeron que estaban haciendo una revolución cuando la historia nos ha demostrado que las revoluciones no son obra de nombres y apellidos sino de procesos de transformaciones sociales muy complejos que desembocan en un estallido transformador de la realidad. Pero no es autoría de nadie.

La época K pensó una “revolución” y que una de las causas de esa revolución era el cuadro de situación de los medios de comunicación. En realidad el armado del plan tenía un contrarevolucionario: el Grupo Clarín.

Ese enemigo público, para el Gobierno de entonces,  fue el disparador de la Ley de Medios, una herramienta legal que le iba  a permitir al gobierno kirchnerista tener su propia toma de la Bastilla (en esta era se trataba del  Grupo Clarín), pero fallaron y la “madre de todas las batalles” la perdieron y en rigor, la norma nunca se pudo aplicar en su plenitud.

Pero esa Ley habilitó al Gobierno a crear organismos como el AFSCA (Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual) donde recaló el dirigente socialista, Martín Sabbatella.

El AFSCA se convirtió en una especie de “sensor” de los medios. Tomaba decisiones fuertes sobre la vida de las empresas periodísticas, al punto que pulverizó a algunas de ellas y condicionó a otras.

La Ley de Medios estaba herida de muerte por los fallos judiciales (amparos sistemáticos) y si algo le faltaba para declararse su defunción era un cambio de Gobierno, lo cual ocurrió y no sólo eso, sino que el nuevo esquema de poder se pasó al otro lado de la banquina: a la derecha.

El mandamás se llama ahora Mauricio Macri, y como buen centroderecha no se anda con vueltas: por decreto intervino la famosa AFSCA y mandó a sacar de los pelos a un atrincherado Sabatella, inútil e inoperante porque es el principal responsable  de que la Ley de Medios no se aplicara y que ahora quiere cobrar protagonismo, tal vez en la necesidad política de quedar en la historia como el hombre que “resistió” hasta última instancia para defender la libertad de prensa.

En  fin, Macri hoy y los K ayer, en realidad no mostraron amor por la libertad de prensa, que no es lo mismo que la libertad de expresión, la cual nadie duda que a esta altura de la tecnología de las comunicaciones no hay forma de pararla.

Pero sí pueden frenar la libertad de prensa y de hecho lo están haciendo.

Macri intervino el AFSCA. Intervenir es una herramienta institucional violenta. Atrincherarse es una forma de ejercer violencia sobre las instituciones.

¿Y alguien pensó en los medios y el fin de ellos, que es informar a la población, a la gente?. No.

Desde Punto Aparte decimos ni intervención, ni AFSCA.  Como medio de comunicación adherimos a la idea de que la mejor Ley de Medios es la que no existe. Creemos profundamente en la libertad y en la sociedad libre de elegir lo que quiere leer, ver o escuchar.

Creemos y peleamos cada día por la libertad de prensa, porque creemos en cada hombre y mujer de nuestra sociedad, que pese a todo pueden elegir, o al menos una buena mayoría de ellos está en condiciones de elegir y en democracia vencen las mayorías.

Yamila Fernández

 

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