“Niños de hielo”: Había un puntanito entre los cuatro chicos que murieron congelados en Altas Cumbres cuando escapaban del colegio donde eran pupilos

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Faltan pocos días para que se cumplan 32 años de una historia impactante, dolorosa y que tiene entre sus cuatro protagonistas a Cristian Rodríguez, el pequeño puntano de 11 años que murió congelado junto a tres compañeros por escapar de un colegio ubicado en las Altas Cumbres – Córdoba-  donde eran pupilos.

El caso se tapó por años y ahora se conoce que los chicos decidieron huir cansados de los maltratos y abusos que se producían en ese internado donde las familias los dejaban en marzo y buscaban en diciembre.  

Clarín publica ayer un informe especial y por lo desgarrador del relato, se transcribe textual:

Eran cuatro chicos de entre 9 y 11 años. Detrás de su muerte, hubo una trama de maltratos y abuso. Ahora les rindieron homenaje.

Fueron seis días de búsqueda desesperada. A 15 grados bajo cero. De rescatistas y montañistas amateurs adentrándose en la montaña nevada. Cuatro nenes se habían escapado del colegio religioso en un día de sol pleno. Totalmente desabrigados. Eso marcó sus destinos. Los encontraron tapados por la nieve. Congelados.

Ocurrió el 29 de septiembre de 1986 en las Altas Cumbres de Córdoba. El duelo fue nacional y los enterraron juntos. Pero a “la duda”-como decían- no la tapó la tierra. ¿Por qué se escaparon del colegio Padre Liqueno?

La respuesta tardó más de dos décadas. Un periodista reveló que el silencio escondía una historia de abuso y maltrato.

A 32 años de esa tragedia en la montaña, el personal ya retirado que actuó en el operativo les rindió un homenaje a ellos, los “niños de hielo”.

En el lugar donde murieron Mario Oliva, de 9 años, de Villa de las Rosas; Luis Peralta, de 11 años, de Villa Dolores; Cristian Rodríguez, de 11 años, de Santa Rosa del Conlara, San Luis; y Claudio Gil, de 9 años, de San Pedro, acaban de colocar una cruz y una placa. “En honor a los angelitos de La Pampa Achala”, se lee.

Se les reconoció que eran de ahí (aunque venían del valle, de Traslasierra, no de la montaña). Es que durante la búsqueda, el colegio había repetido incesantemente en los medios de Córdoba la hipótesis de que los chicos se habían perdido “porque no eran de la zona”.

Mucho después se comenzó a hablar de “fuga”. Exactamente, 21 años después de que a los nenes se les empezaron a congelar los dedos de las manos y de los pies.

Sergio Carreras, el periodista de La Voz que investigó esta historia y en 2011 publicó el libro “Niños de Hielo”, cuenta a Clarín que una noche, en Mina Clavero, una cantante interpreta la canción que había escrito un poeta de Villa Cura Brochero y que recordaba la historia de los cuatro chicos que fallecieron en las Altas Cumbres.

“Cuando María Luz termina, un hombre se le acerca llorando”.

-¿Quién escribió esa canción?

-Pepe López

La canción decía:

Fue por el mes de setiembre de mil novecientos ochenta y seis.

Salieron desde el Liqueno sin rumbo, a la aventura.

En la alta noche se hundieron como tuquitos perdidos.

El poeta estaba esa noche en la peña. El hombre, entonces, también se le acerca y le dice: “Yo iba a ser el quinto angelito”.

Ese hombre, quebrado, que había pasado 10 años en la cárcel por distintas condenas, siempre por robos, era Carlos Domínguez. El 23 de septiembre de 1986 se había escapado del colegio con sus cuatro amigos. La idea, dijo, era caminar los 15 kilómetros hacia el sur, hasta la ruta. El volvió justo antes de que comenzara a nevar.

Tras la primera nota que publicó Carreras, se inició una investigación judicial y se allanó el Padre Liqueno. En medio de ese escándalo, la orden franciscana intentó cerrar el colegio. Tapar lo que pasó. Lo dejó en comodato, bajo la administración del Gobierno de Córdoba, al frente de Eduardo Angeloz, que nunca investigó lo sucedido.

Pero el Liqueno en realidad no era un colegio. Era un infierno a 2.100 metros de altura sobre el nivel del mar. Los padres llevaban a los chicos en marzo y, la gran mayoría, recién iba a buscarlos en diciembre.

El sacerdote era Eduardo Giménez y Gladys de Quiroga, la directora. Ella lo defiende hasta el día de hoy. Negó hasta que hayan existido maltratos psicológicos.

Pero en el allanamiento se encontró una habitación cerrada, a la que sólo tenía acceso el sacerdote. Ahí había bolsas con ropa, juguetes y zapatillas que nunca habían sido entregados a los chicos. Que andaban “mal vestidos para nieve” y, a veces, “descalzos”.

“Todo lo solucionaban con castigos. No te daban postre. Te quitaban la bolsita con maní que te daban a la tarde. No me dejaban ver a mi madre los fines de semana. Una vez pasé todo el año ahí arriba, No veía a nadie conocido”, se desprende de los testimonios.

Los nenes estaban a merced de los adultos de la institución. “Los chicos eran castigados físicamente, vivían muertos de frío, los obligaban a trabajar. Las nenas cocinaban, limpiaban; los nenes buscaban leña para el fuego, debían trasladar piedras para reconstruir el camino”, detalla Carreras a este diario.

Pese a las sospechas de algunos padres y los rumores de “maestras que tocaban a los chicos” y que “el sacerdote había dejado embarazada a una alumna” ni las cuatro muertes lograron que la Justicia cordobesa se meta con la Iglesia. Hasta 2007. Cuando cantó María Luz.

“Siempre se pensó que fueron sólo cuatro chicos, por eso nunca se pudo saber por qué abandonaron la escuela. El testimonio de Domínguez, el quinto niño que se fue y volvió, contó que les pegaban, los obligaron a arrodillarse sobre granos de maíz durante horas. El tema de los abusos sexuales estuvo presente en el colegio”, asegura el periodista.

De a poco, otros ex alumnos ratificaron ante el fiscal de Villa Dolores los abusos físicos y maltratos que describió el quinto angelito.

En 1986, en el sexto día de búsqueda, una patrulla encontró a los nenes “estirados bajo la nieve sobre una piedra gigante en el centro de un cañadón”. Domínguez fue expulsado del colegio después de las muertes de sus amigos.

Hoy el orfanato sigue perteneciendo a la provincia. A él asisten chicos de bajos recursos de la zona. También sigue funcionando el albergue. Con las mismas habitaciones en las que, como los “niños de hielo”, duermen nenes desde 1929. Ya no es un infierno, aseguran, a 2.100 metros de altura.

Pese a que 22 de los alumnos del colegio estaban bajo guarda judicial, tras las muertes nunca se había abierto la causa en el juzgado de Villa Dolores. Nunca se inició una investigación administrativa a pedido del Ministerio de Educación de Córdoba. Y la orden franciscana jamás dio una explicación ni realizó un sumario sobre por qué los chicos se habían adentrado en la montaña.

“El fiscal Emilio Andruet quiso avanzar sobre la jueza de Menores Elba Allende, que era responsable por los chicos del colegio, y encontró resistencia entre sus mismos pares. Finalmente rindió concurso para ser camarista en Río Cuarto, lo ganó y se fue, para tranquilidad del resto de los magistrados de la ciudad. Con su ida, la causa judicial no se movió ni un centímetro más”, cierra Carreras.

El sacerdote Giménez, el principal acusado por los ex alumnos, murió en 1999 de un infarto. Se desplomó entre las góndolas de un supermercado de Villa Dolores. Su cuerpo está enterrado a metros del colegio. Junto a la capilla.

Fuente clarín.com

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