Sedentarismo y mal hábito alimentario provocan cada vez más niños con sobrepeso y obesidad

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) dio a conocer una estadística que se supone debería encender todas las alarmas en el sistema sanitario argentino: 3 de cada 10 niños en edad escolar tiene sobrepeso  el 6 de ellos padece obesidad.

San Luis está por encima de ese promedio ya que según estudios de ONGs y organizaciones sociales, realizado hace unos 5 meses, 4 de cada 10 niños entre los 2 y 19 años tiene sobrepeso.  

Según la OMS, la causa de la obesidad infantil no se centra únicamente en comidas inadecuadas.

Los niños, niñas y adolescentes están expuestos a una amplia oferta de alimentos de alto contenido calórico y bajo valor nutricional en las escuelas. En paralelo, y tal como señala la última Encuesta Mundial de Salud Escolar realizada en la Argentina (año 2012), se redujeron las oportunidades de realizar actividad física y aumentó el tiempo dedicado a actividades sedentarias durante los recreos. En un contexto de aumento del sobrepeso y la obesidad infantil como el que transita la Argentina, los datos resultan alarmantes, según resalta en un informe difundido por Infobar.com.ar.

Es que en la Argentina, según los últimos datos oficiales disponibles, el 28,6% de los adolescentes tiene sobrepeso y obesidad, mientras que el 10,4% de los niños de seis meses a seis años tienen obesidad infantil. A su vez, la obesidad tiende a acentuarse en los grupos de menor nivel socio-económico: un análisis de la Encuesta Mundial de Salud Escolar 2012 realizado por la Fundación Interamericana del Corazón (FIC) Argentina en colaboración con Unicef en 2015 mostró que el sobrepeso es 31% más frecuente entre los chicos de nivel socioeconómico más bajo.

 El sobrepeso y la obesidad se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que supone un riesgo para la salud

«Los cambios en el estilo de vida, el ritmo acelerado y las condiciones socioeconómicas fomentan el consumo de alimentos industrializados e hipercalóricos. Con muchas grasas y azúcares, pero escasos en nutrientes necesarios para el desarrollo, crecimiento y un correcto funcionamiento del organismo, estos alimentos contribuyen al sobrepeso y obesidad en los niños». Así lo consideró la dire ctora de la carrera de Nutrición de Fundación Barceló, Norma Isabel Guezikaraian.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la causa de la obesidad infantil no se centra únicamente en comidas inadecuadas y en la disminución de la actividad física, sino que existen también factores socioeconómicos que impulsan esta enfermedad. «Algunos de ellos son la educación, el procesamiento, distribución y comercialización de los alimentos, e incluso la planificación urbana, el medio ambiente y el transporte», aseguró Guezikaraian, quien enfatizó que «aquellos menores que la padecen tienen un mayor riesgo de aparición temprana de las llamadas enfermedades crónicas no transmisibles como hipertensión, diabetes, hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia, entre otras afecciones».

En ese sentido, la especialista insistió en que «por esta razón, es importante que la prevención de la obesidad infantil comience en los primeros años de vida». «Correctos hábitos alimentarios y un estilo de vida saludable son más fáciles de mantener durante la adolescencia y la edad adulta si son inculcados desde la infancia, constituyendo las mejores armas para evitar el sobrepeso -señaló-. En este proceso, el rol de la familia es fundamental, debiendo fomentar que el niño realice ejercicio físico y cuide de su alimentación haciéndolo partícipe».

Prácticas sencillas para tener en cuenta:

– Incluir a los niños: sumarlos a la hora de comprar y preparar la comida, dándoles más responsabilidad sobre su alimentación.

– Mantenerlos informados: es importante que entiendan para qué sirven los alimentos, sus funciones en el cuerpo y cuánto se necesita de cada uno.

– Jugar: cocinar los alimentos de diferentes maneras, combinarlos y presentarlos en la mesa de forma atractiva. La familia puede jugar con las texturas, los colores y las formas.

El rol de la familia es fundamental, debiendo fomentar que el niño realice ejercicio físico y cuide de su alimentación haciéndolo partícipe

– Alimentación variada: es importante consumir todos los grupos de alimentos, aumentando principalmente el consumo de fruta, verdura, legumbres y cereales integrales y frutos secos o aceites en crudo.

– Respetar las cuatro ingestas diarias: los niños están en edad de crecimiento y los alimentos deben distribuirse a lo largo del día para que el cuerpo obtenga de ellos los nutrientes que necesita, (desayuno, almuerzo, merienda y cena)

– Conocer el menú de la escuela: para poder complementarlo con el desayuno, la merienda y la cena.

– Realizar actividad física: no alcanza con la actividad física que realizan en la escuela, son necesarios 60 minutos diarios.

Hábitos saludables en escuelas

En la publicación, las organizaciones plantearon una serie de líneas de acción para favorecer la adopción de entornos escolares saludables. Estas estrategias retoman recomendaciones de la OMS y la Organización Panamericana de la Salud (OPS):

– Asegurar una oferta exclusiva de alimentos sanos y naturales, tanto en kioscos como en comedores escolares, y eliminar la oferta de alimentos y bebidas altos en azúcar, grasas, grasas saturadas y sal.

– Garantizar el acceso al agua potable gratuita (por ejemplo, bebederos y/o dispensers).

Los correctos hábitos alimentarios y un estilo de vida saludable son más fáciles de mantener durante la adolescencia y la edad adulta si son inculcados desde la infancia

– Incorporar en la currícula escolar contenidos sobre educación alimentaria y hábitos saludables; clases sobre preparación de alimentos para niños, niñas y adolescentes, padres y cuidadores; y, creación y manejo de huertas escolares.

– Fortalecer la educación física en las escuelas brindando recursos físicos y humanos para tal fin.

– Asegurar que la escuela sea un espacio libre de publicidad de alimentos y bebidas altos en azúcar, grasas y sal.

Fuente Infobae

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