Ser mujer… y no morir en el intento

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8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Una fecha especial que habilita reflexiones y pensamientos profundos sobre el rol femenino en la vida diaria. La lucha por la igualdad de oportunidades y espacios


Quien escribe esta editorial para recordar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora está comprendida en ese género al que por estas horas se la debería decir “¡Feliz Día!”. Aclaro esto porque me alcanzan las generales de la ley y no seré nada objetiva, pese a la imposición de mi profesión de periodista. Voy a hablar como mujer, madre y trabajadora.

Advierto: No soy “feminista”, creo que es un extremo y los extremos no llevan a buen puerto. Respeto profundamente a quienes levantan esa bandera y entiendo que lo hacen para dar batalla al “machismo”, otro extremo que no se lo combate con más de lo mismo.

Repasemos un poco. Mujer viene del latín mulĭer. Dice la definición que “una mujer es una persona del sexo femenino. Se trata de un término que se utiliza en contraste a hombre o varón, conceptos que nombran a los seres humanos de sexo masculino”.

Esta es la referencia más usada para explicar la palabra mujer. Es decir se la define por oposición, se la enfrenta al hombre. He aquí donde creo que comienzan los problemas.

Se dice: lo opuesto a mujer es el hombre o viceversa. Lo “opuesto” se afirma, dando lugar a un campo de batalla donde se miden fuerzas, especialmente de poder para ver quien maneja la cosa.

En estos días he reflexionado sobre esto y busco un punto de partida que nos permita hablar de mujer y hombre no desde la colisión, sino a partir del “complemento” y la “diferencia”, no del antagonismo.

Si miramos así el cuadro, diríamos entonces que la mujer se diferencia sexualmente del hombre; son géneros diferentes de una misma especie, pero que se complementan mutuamente para la preservación de la humanidad.

Si este es el punto de partida, el escenario cambia. La mujer y el hombre no pueden estar en guerra porque son en esencia un completo el uno del otro, necesario para dar continuidad a la VIDA.

Establecer así las reglas de juego nos pone a las que tenemos vagina, y no pene, en un plano de absoluta igualdad, porque “ELLAS Y ELLOS” son dos caras de la misma moneda y nadie debería tener más derechos que el otro, o en todo caso a NOSOTRAS nos correspondería  llevar la delantera porque potencialmente somos MADRE  en cualquiera de sus formas.

Es prioritario, urgente, que repensemos este enfrentamiento. No es posible que a esta altura de la historia de la humanidad sigan en aumento los casos de femicidios, que deba haber leyes que obligue a los Estados a respetar “cupos femeninos”,  que cada día haya más denuncias de violencia contra la mujer; que cada día haya más mujeres víctimas de trata; que cada día haya más  mujeres que perdieron su dignidad.

Hombres y  mujeres deben tener igualdad de trato laboral, mismas responsabilidades en el hogar y mismos espacios de participación en la vida cívica o política.

El pedido en este Día, es que se entienda que HOMBRE  Y MUJER son complementos, no antagonismos. Natural o divinamente no se los puso en la tierra para que libren una batalla de poder, sino para que se complementen. Dejen que esto ocurra. Permitannos ser mujer y no morir en el intento…

Yamila Fernández

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