Una multitud en la 39º Peregrinación Juvenil a la Virgen de Luján

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El Arzobispo de Buenos Aires Mario Poli, tras realizarse la 39º Peregrinación Juvenil a Lujan, recordó a la Virgen María durante la misa central, como la «primera peregrina de la fe» y equiparó su alegría y la de su prima Isabel con la alegría de los peregrinos al llegar durante las últimas horas a la Basílica.

«La virgen, sin medir esfuerzos realizó la primera peregrinación de la fe, recorrió más de 100 kilómetros desde su casa en Nazareth hasta un pueblito donde vivían sus parientes, y lo hizo para anunciar lo que llevaba en su seno, a Jesús, el hijo de Dios, el Salvador. La alegría de su prima Isabel es semejante a la profunda emoción que cada uno de ustedes experimentó cuando llegaron al santuario de la madre aquí en Lujan», comenzó diciendo Poli en su alocución.

«También nosotros le decimos `Virgencita te felicitamos` porque creíste antes que nadie lo que Dios te anunció y por eso te pedimos que cuides la fe de tu pueblo que camina, la fe en tu hijo Jesús, agregó.

Explicó que «recurrimos a ella porque es compañera en el camino de la vida y enseña a conservar en el corazón las cosas de la fe, las que Dios quizo revelar a los pequeños, a los humildes. Cuidar nuestra fe es una tarea delicada y solo se puede confiar a la custodia de una madre como María».

«Al depositarla en ella, dejamos lo más valioso que tenemos en buenas manos. La fe es un don y con ella Dios nos regaló en el bautismo un gran amor. Es la fe que a vos peregrino sacó de tu casa, de tus cosas, te movió a confesarla caminando», afirmó.

Poli remarcó que «hay muchos modos de confesar la fe, con la boca para alabar, con las manos para ayudar al prójimo con buenas obras y también se la confiesa con los pies para imitar a María misionera que no dudó en salir a los caminos para anunciar a Jesús».

Luego se dirigió a los peregrinos que llegan todos los años a Luján y les dijo: «si ya caminaste más de una vez, sabés que hay un antes y un después del sacrificio de cada peregrinación, porque es la fe en Jesús la que te atrae y alienta a seguir caminando. El te da su gracia y transforma toda tu persona. En esto también se ve la mano de la Virgen porque la madre pondrá siempre los medios para que nos encontremos con su hijo Jesús».

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