En térmicos culinarios, ¿hay algo en Argentina más tradicional que un asado compartido en familia o con amigos? La respuesta es un categórico no. Nada identifica más a los argentinos que la carne a la parrilla acompañada de ensaladas, vino, pan y una entrada de fiambres.
Es una costumbre transmitida de generación en generación. Los argentinos no dicen nos “reunimos” para celebrar algo o compartir un momento, sino “nos juntamos a comer un asadito”.
Para desgracia de la inmensa mayoría, mantener el culto a esa tradición se convirtió en un lujo casi inalcanzable, casi imposible por el elevado costo de la carne vacuna.
“La gente como puede se las ingenia y busca, en especial los fines de semana, comerse un asadito, pero vemos una caída del orden del 30% en las ventas”, le dijo a Punto Aparte un empleado de la carnicería ubicada en Sarmiento y República del Líbano.
“Llevan lo justo y necesario. Si se recomienda medio kilo por persona, respetan eso y te llevan muchas ofertas, pero los cortes económicos no son de buena calidad”, aclaró.
Pero hoy, ¿cuánto cuesta comer un asado? Las cifras son un promedio en función de los precios en que se comercializan los cortes para parrilla en San Luis.
Tomando como parámetro el costo del “vacío”, “matambre” o “corte obispo” a $2.000 y determinando que para 5 personas se necesitarían unos 2 ½ kilos sólo en carne el presupuesto es de $5.000. A esto se suma la ensalada (tomate, lechuga y cebolla) por un valor de $800, el postre (calculando la elección de frutas) otros $800, vino tres cuartos $900 y gaseosa $550 más pan por $300 arroja un total de $8.350.
En esta lista de necesidades para hacer un asado no se incluyó otra costumbre argentina: la picadita o tablita de fiambres, en el mejor de los casos acompañada por un vermut, esto llevaría el valor de la “comida” más rica del país a unos $10.000.
Es obvio que tamaña crisis económica alimentada por una escalada de precios imparable empuja a la gente a cambiar sus hábitos. Vuelven las juntadas a la canasta y caen las invitaciones tipo “pago yo”.
Claro está que de los fierros calientes ya no sólo sale el inconfundible aroma a carne asada, aparecen otros, como el de las verduras grilladas.
Punto Aparte

