La Confederación General del Trabajo (CGT), el 11 de noviembre, Día del Voto Femenino – fecha emblemática y cargada de simbolismo – volvió a poner a la mujer sindicalista en un plano secundario y relegado.
La palabra “cupo” en cualquier organización equivale a decir limitado. O sea, lo que aprobó ayer el Congreso Extraordinario de la CGT no fue una mayor participación femenina, sino un límite, un espacio demarcado de hasta dónde y cuántas pueden ocupar cargos o ser autoridad.
Héctor Daer, miembro del nuevo (no por renovado) triunvirato que gobernará la CGT junto a Carlos Acuña y Pablo Moyano, fue clarito sobre el tema: “Esta mañana, el Congreso Extraordinario aprobó la reforma del Estatuto de la central para cumplir con la Ley de Cupo Femenino e incorporar un 30 por ciento de mujeres, para lo cual amplió las secretarías de 25 a 36. Fue en un contexto de unidad con todos los sectores del movimiento obrero y garantizando igualdad y paridad de género, porque la mujer debe participar en los debates y en los lugares de decisión”. Traducido, mujer, puedes integrar la CGT, “ahora estamos obligados a garantizar tu presencia en un 30%”, diría Daer en otras palabras.
Paridad es 50 y 50 no 70/30 con el agravante de una mesa directiva 100% masculina.
Conclusión sigue la mentira. Para graficar aún más la burla del 30%, la CGT no habilitó ese porcentaje sobre las secretarías vigentes, sino que creó 11 nuevas, es decir inventaron cargos para “respetar el cupo”.
Si la CGT y la política argentina están dispuestas a poner en práctica en serio la paridad de género, lo primero que deben hacer desaparecer es el término “cupo”.
Ojalá llegué ese momento. En el mediano plazo lo dudo.
De hecho el propio presidente de la Nación el universo de más de 20 ministerios sólo dos son mujeres.
En fin.
