“Catalina y el Sol”, una película filmada en Jujuy favorita en el Festival de Berlín

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La cineasta y periodista alemana Anna Paula Hönig, hija de padre argentino y residente en Buenos Aires y París, competirá en el 65to. Festival de Cine de Berlín con “Catalina y el sol”, bello y poético cortometraje filmado en la provincia de Jujuy, que trata sobre el ciclo de los astros, el traspaso de la sabiduría oral y la solidaridad entre una niña y su abuela.


 

Nacida en Berlín, estudiante en la Sorbona de París, el King’s College de Londres y la Universidad del Cine de Buenos Aires, Hönig realizó otros cortometrajes y trabajó como periodista de la televisión alemana antes de viajar a la Quebrada de Humahuaca para filmar este relato mágico sobre la niñez, el sol, la luna y la necesidad humana de narrar historias y transmitir conocimientos de una generación a la otra.

“Mi padre siempre me habló de mi abuela Catalina y de las historias de las tradiciones norteñas que ella le contaba. Cuando llegué a Buenos Aires, estaba muy feliz porque era mi sueño conocer el país de mi padre. Y luego conocí el norte y me propuse hablar sobre mis propios antepasados y hacer un homenaje a mi abuela”, explicó la cineasta acerca de la génesis del filme.

Hönig, que competirá con su corto en la sección Generation+14 de la Berlinale, dedicada al público adolescente e infantil, indagó en las costumbres y en diferentes leyendas andinas, se nutrió de la cultura jujeña y conversó con escritores como Elena Bossi y Pablo Accame, antes de escribir el guión de “Catalina y el sol”.

En una entrevista con Télam, la realizadora señaló que su filme “trata sobre el sol y la niña, el traspaso de sabiduría y sobre la solidaridad que hay entre dos mujeres. Catalina vive en la Quebrada con su abuela que le cuenta historias para que el sol mantenga el recorrido por el cielo, pero la pregunta es: ¿Qué pasa con el sol si su abuela muerte y no puede contarle más historias?”.

-¿Cómo surge en vos la necesidad de filmar esta historia y por qué elegiste hacerlo en Jujuy?

-Todo comenzó con una búsqueda muy personal de mi familia argentina y en particular de mi abuela Catalina que provenía del norte del país. Quería saber más sobre ella, cómo vivió, cuáles fueron sus sueños… Mis queridos amigos Eva, Daniel y su familia me llevaron a Jujuy y pude descubrir ese mundo tan bello. La película es un homenaje a mi abuela Catalina y a su mundo.

-¿Es una historia original o te basaste en relatos originarios de la zona?

-Con mi co-productora Maren Schmitt escuchamos y registramos muchas historias jujeñas. Fueron momentos muy lindos que compartimos con la gente de la Quebrada de Humahuaca. En colaboración con los actores todos originarios de la zona, sus familias y otros que se volvieron amigos, elaboramos juntos el guión de “Catalina y el Sol”. La historia se basa en diferentes leyendas originarias de la zona que filmamos con un equipo internacional de jóvenes alemanes, argentinos, mexicanos y colombianos.

-¿Cuáles eran las inquietudes que querías plasmar en la pantalla, teniendo en cuenta que desde el tratamiento de la imagen y el tema se ve un amor respetuoso por la belleza y la naturaleza?

-“Catalina y el Sol” abre una ventana al bello y rico mundo de los Andes. El sol es muy fuerte en esa región tan alta. Quema, enceguece. El cielo no tiene nubes. Quería mostrar en imágenes esa cercanía con el sol. Tiene una importancia vital, porque las noches son muy frías y los habitantes esperan el retorno del sol cada día.

 

-En ese sentido, ¿qué importancia tienen para vos los astros, más específicamente el sol y la luna?

-Pasé mi niñez y adolescencia en Berlín, en Alemania, en un paisaje muy gris. Ningún árbol y muchas nubes. Edificios y edificios ocultando el horizonte. Cuando llegué a Jujuy descubrí la naturaleza y el cielo como si los viera por primera vez. Fue un sentimiento muy hermoso sentir en mi piel el sol. Pero la luna también da mucha luz, sobretodo la luna llena que es impresionante. Para mí, los dos son complementarios y perfectos en su armonía. Nos hacen comprender la vida como algo muy natural.

-En el corto está muy presente la vida y la muerte, el inicio y el final de un ciclo, ¿por qué?

-En la cosmovisión andina la vida y la muerte son un ciclo. No hay ni inicio ni final. Todo es parte de una armonía que es la vida que está en cada uno de nosotros. Es increíble como la cosmovisión andina tiene similitudes con la oriental. Cada uno tiene su rol en la vida y luego tiene que pasar su sabiduría a sus nietos. Es un ciclo que nunca concluye. En mi película, Catalina comprende este ciclo y sabe cual es su papel actual: tiene que contar historias para que el sol vuelva cada día. Y en el futuro ella también será abuela y tendrá que enseñarle a sus nietos a seguir contando historias.

-¿Hay también una preocupación sobre la transmisión de conocimientos de una generación a la otra a través de las historias que la abuela le cuenta a su nieta?

-La película habla sobre la transmisión de lo esencial. Es una semilla que está en cada uno de nosotros. Hay mucho amor entre las dos mujeres: Catalina y su abuela Rosa. La abuela transmite ese amor a Catalina a través de las leyendas y cuentos antiguos. Ese amor le da una confianza esencial a Catalina para seguir su camino de contadora de historias.

-¿Por qué elegiste a la niñez como escenario humano de este corto?

-La niñez es un escenario humano bellísimo y mágico. Habla de la inocencia y del asombro. Cada día es nuevo, como si los niños supieran de antemano que la vida es un regalo. Los adultos lo olvidan muchas veces.

-¿Qué significa poder estrenar tu corto en un festival tan importante como Berlín?

-Es una experiencia única. Es un gran reconocimiento después de dos años de intenso trabajo para todo el equipo que puso su amor y dedicación en este proyecto, y para muchos más que me ayudaron.

 

 

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