“Todos los días, todo el tiempo, vienen a la guardia de nuestro hospital personas que están convencidas de que su caso es muy grave y que deben ser atendidas de manera inmediata. Sin embargo en la entrevista previa y rápida nos damos cuenta de que no requiere una atención inmediata. Por lo tanto pueden esperar hasta dar curso a la atención de otros pacientes que sí requieren asistencia por la gravedad de sus cuadros”. La explicación pertenece a una joven médica residente de un hospital del interior de San Luis. Pidió reserva de nombre.
En un diálogo que mantuvo con Punto Aparte, la profesional relató un hecho para graficar la situación que viven a diario en los centros asistenciales: “Una señora entró esta mañana (por el último viernes) muy alterada y pidiendo ser atendida porque estaba muy mal, cuando lo consulté sobre el problema me dijo que se le había hinchado el dedo gordo y le dolía. Justo en ese interín, ingresó un joven que se acababa de caer de un andamio y estaba grave. Pero la mujer nos reclamaba que ella había llegado primero y no se trata de llegar primero, sino prioridades de atención”.
Los centros sanitarios resuelven el tiempo de espera de la atención según el tipo de emergencia y desde hace unos meses en casi todos los nosocomios de San Luis están los carteles bien vistosos y coloridos para que la gente tome conciencia de cuánto debería esperar en caso que las guardias estén ocupadas.
En la jerga médica se denomina “triage”, un sistema de selección y clasificación de pacientes en los servicios de urgencias, basado en sus necesidades terapéuticas y los recursos disponibles. Consiste en una valoración clínica breve que determina la prioridad en que un paciente será atendido, y se clasifica en niveles de 1 a 5.
Una urgencia es “la alteración de la integridad física y/o mental de una persona, causada por un trauma o por una enfermedad de cualquier causa que genere una demanda de atención médica inmediata y efectiva, tendiente a disminuir los riesgos de invalidez y muerte.
Niveles de urgencias médicas
I: requiere atención inmediata del paciente, ya que su condición representa un riesgo vital. Casos como paro cardiorrespiratorio, hemorragias severas, pérdida de un miembro u órgano, entre otros.
II: la condición clínica del paciente puede evolucionar hacia un rápido deterioro, por eso, requiere una atención que no debe superar los treinta (30) minutos. Por ejemplo, casos como un dolor extremo, heridas no vitales, diarrea aguda con dolor abdominal o fiebre, vómito sin tolerancia a vía oral, entre otros.
III: la condición clínica del paciente requiere de medidas diagnósticas y terapéuticas en urgencias. Es decir, necesita un examen o un tratamiento rápido, pero se debe actuar pronto. Casos como dolor por un par de días, cuerpo extraño en el oído sin dolor o sangrado, dolor lumbar que se irradia hacia las piernas o lumbalgia súbita, entre otros.
IV: el paciente presenta condiciones médicas que no comprometen su estado general, ni representan un riesgo evidente para su vida. Casos como dolor no agudo en el estómago, sinusitis, entre otros. En este caso se recomienda atención por consulta prioritaria.
V: el paciente presenta una condición clínica relacionada con problemas agudos o crónicos sin evidencia de deterioro que comprometa su estado general. Casos como dolor de garganta, dolor lumbar de varios días de evolución, cólico abdominal sin vómito o diarrea, entre otros. Se recomienda asistir a consulta prioritaria o programar consulta externa.
