El Dique San Felipe, “agua” de nadie

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El joven catamarqueño que se ahogó este domingo en el Dique San Felipe, pasa a engrosar la larga lista de personas que murieron en ese embalse, uno de los más antiguos de la Provincia.

“Es un dique bravo y traicionero”, dicen los que pescadores que desde años surcan sus aguas en busca de pejerreyes. Y explican esa calificación en que el espejo de agua es regularmente afectado por fuertes vientos, que hace muy dificultosa y peligrosa su navegación.

Esa es una condición natural del dique que no puede enmendarse o corregirse. Pero sí es viable, y corresponde hacerlo, adaptar las conductas de quienes se introducen en él en embarcaciones, que deberían tomar todos los recaudos indicados, como por ejemplo, contar con chalecos salvavidas.

Lamentablemente no hay conciencia por parte de los navegantes y tampoco controles eficientes que prohíban navegar sin las medidas de seguridad mínimas recomendadas para entrar a aguas que llegan a tener más de 15 metros de profundidad.

El 100% de las muertes en ese embalse y en otros son evitables si las personas fueran prudentes. Y si no lo son, que haya presencia de organismos de control que corrijas esas imprudencias.

El Dique San Felipe es “agua”  de nadie, porque no hay controles está prácticamente abandonado.

Los dos clubes de pesca, uno de Tilisarao y otro de Nachel no realizan ningún tipo verificación de las embarcaciones que usan sus instalaciones. Tampoco la Policía o ente de Gobierno que tiene jurisdicción sobre los diques.

El San Felipe muestra un estado deplorable por dónde se lo mire. Su sector de “pantallas” o murallón está en ruinas y los campings prácticamente desaparecieron.

En su apogeo fue uno de los principales embalses de San Luis, no sólo ser de excelencia para la pesca, sino también por sus condiciones para la práctica de deportes náuticos y sus recursos hídricos, que abastecen de agua para consumo humano y riego a casi todo el Valle del Conlara.

Es un verdadero desatino no prestar atención a este dique, que en las últimas horas, se cobró una nueva víctima.

 El dique no es ni “bravo” ni “traicionero”, es un espejo de agua que debería respetarse y cuidarse. Y sacarlo del estado de abandono en que lo condenaron.

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