En Hollywood Boulevard está lista la alfombra roja para la entrega de los Oscar

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Turistas que intentan burlar el vallado para sacarse fotos desde la alfombra roja, productores que gritan instrucciones a contrarreloj, policías que impiden el paso y versiones decadentes de personajes de películas que deambulan por la vereda, componen la postal de la zona aledaña al teatro donde, dentro de tres días, tendrá lugar la 87º entrega de los Premios Oscar.


 

Desde 2001, el Teatro Dolby (ex Kodak) es la cuna de la noche más importante de la industria cinematográfica de Estados Unidos; cada año, allí, se celebra la entrega de premios de la Academia, antecedida de un hecho tan frívolo como fundamental: el desfile de celebridades por la alfombra roja.

Conocida internacionalmente como la “Red Carpet”, estos 550 pies (algo así como 200 metros) de moqueta hecha 100% de nylon y cero por ciento glamour que permanecerán tapados con plástico hasta el domingo, componen el suelo sagrado donde actores, actrices y directores lucirán sus exclusivísimos diseños ante cámaras y fotógrafos del mundo.

El recorrido de esta larga lengua roja comienza en la intersección de Highland y Hollywood Boulevard. Allí, las limousines dejan a los nominados que, atacados por los flashes, caminan y lucen sus vestuarios, contestan preguntas ante las cámaras y, luego, desaparecen dentro del teatro.

Una vez en el hall del Dolby, unas arcadas que envuelven el techo regalan un recorrido temporal de las películas ganadoras en la categoría Mejor Filme.

La primera ceremonia, en mayo de 1929, que tuvo forma de almuerzo en el hotel Roosevelt ante 270 personas, otorgó ese galardón a la cinta “Wings” (del director norteamericano Willliam A. Wellman) y hoy conforma el primer eslabón de esta cadena.

La 87º entrega de los Premios Oscar, conducida por el actor Neil Patrick Harris (“Barney” en la serie “How I Met Your Mother”), tendrá lugar en el Teatro Dolby este domingo a las 22 Pero todavía esa quimera de una vía láctea vernácula caminando por estos pasillos resulta un sueño lejano. A tres días de la fecha señalada, los doscientos operarios que trabajan desde hace dos semanas deberán convertir una zona turística clásica en una verdadera Cenicienta.

Es que, mientras tanto, la manzana del Dolby, donde está el mítico Teatro Chino –el de las manos de los actores selladas en cemento-, se convierte en un receptáculo de turistas curiosos y vendedores oportunistas.

“Dos estatuillas por doce dólares”, anuncia un cartel en un local de suvenires. Esos Oscar plásticos dorados y negros que se repiten hasta el infinito en los exhibidores, premian al mejor padre, la mejor madre y, entre otras categorías menos esperables, al mejor contador, al mejor terapeuta e, incluso, al mejor periodista.

También por seis dólares hay imanes para la heladera con forma de premio y llaveros que se venden a 4. De acuerdo a los comerciantes, las ventas de estatuillas se cuadruplican cada año en la víspera de estos galardones.

Por fuera de los locales, el espacio disponible para deambular por Hollywood Boulevard es escaso. “Disculpe, señor, me saca una foto con la estatua dorada”, le pide un joven a un policía.

Y precisamente, de eso se queja un falso Darth Vader que suele ganarse la vida posando para las cámaras de turistas interpretando al malo más malo de Star Wars.

Desplazado de su esquina y su rol habitual –todo estará vallado hasta después de la ceremonia- y con el premio como competencia directa, Vader comparte un cigarrillo con un igualmente falso Freddy Krueger y confiesa que ellos, al igual que Blanca Nieves y el Joven Manos de Tijera, “trabajan mejor cuando toda esta parafernalia de los Oscar termina”.

La 87º entrega de los Premios Oscar, conducida por el actor Neil Patrick Harris (“Barney” en la serie “How I Met Your Mother”), tendrá lugar en el Teatro Dolby este domingo a las 22

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