Ex combatientes, con sentimientos encontrados, pisan suelo de Malvinas

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El grupo de ex soldados puntanos que combatieron en la Guerra de Malvinas recorren Puerto Argentino y cada rincón que los tuvo como protagonistas en ese enfrentamiento bélico. La experiencia es emocionante y reparadora


 

El recorrido y la visita a las islas comenzó por la zona más poblada de Pourt Stanley o Puerto Argentino. A pocos metros del hotel donde se aloja la delegación aparece la Casa del Gobernador de las islas, Sapper Hill.

El asombro por la forma en que se vive en las islas se comienza a apoderar de los sanluiseños que a medida que el micro que los traslada avanza, comienzan a pensar si este pasará o no por los lugares donde cada uno estuvo apostado durante la guerra. Algo similar, les pasa a las viudas que integran el contingente y que tratan de recordar con exactitud lo contado por sus esposos. Buscan sus propias referencias para situar a sus maridos en la escena o le preguntan a los veteranos que conforman el grupo.

Tras recorrer la calle principal: Ross Road, la excusión pasa por la dos iglesias del pueblo: una la catedral anglicana –Christ Church- y la otra el templo cristiano –St. Mary- para dirigirse luego hacia la playa de arena blanca denominada Gypsy Cove, donde los puntanos, ya distendidos por lo que estaban viendo, pudieron apreciar algunos pingüinos magallánicos, en el punto más cercano a Puerto Argentino. Atrás también quedaron varios barcos hundidos o encallados que tienen cientos de años en esos lugares y que despiertan la curiosidad de los visitantes. Las fotos y el asombro por lo que se está viendo hace que lo histórico quede relegado a un segundo plano pero sin embargo, metros o kilómetros más adelante los visitantes no se imaginarían lo que vendría: nada más ni nada menos que el punto inicial de la guerra ante los ingleses y los lugares de la resistencia donde pudieron ver la mano de los argentinos edificando un línea de tiro y de defensa para repeler la agresión adversaria.

Fue entonces cuando los fuertes sentimientos se apoderaron de todo el contingente. Las lágrimas de los soldados, sus hijas, sus viudas y sus esposas no tardaron en llegar cuando Roberto Fabián Molina o Luis Alberto Barcia recordaban detalles de la madrugada del 2 de abril de 1982 cuando junto a otros 798 compatriotas desembarcaron en la bahía York para que a las 6:00 de la mañana Argentina recuperara, aunque sea por un tiempo, las Islas Malvinas usurpadas por los ingleses.

Al  mismo tiempo, los otros veteranos, aportaban datos de donde estuvo cada uno durante el conflicto mientras se recorría el monte que precede a el Aeropuerto de Puerto Argentino, que durante la guerra fue denominado Base Aérea Militar Malvinas (BAM). Allí los visitantes pudieron ver con sus propios ojos los tristemente famosos “pozos de zorros” donde los argentinos se apostaban para cuidar que desde el mar los barcos y fragatas inglesas bombardearan el lugar.

También encontraron y reconocieron esquirlas de bombas, cables, vainas servidas, baterías, latas de alimentos, etc. que quedaron diseminadas a través del campo de batalla. Los recuerdos no paran de aflorar y los sentimientos se muestran en todo su esplendor.

Durante la recorrida, los veteranos encontraron y reconocieron esquirlas de bombas, cables, vainas servidas, baterías, latas de alimentos, etc. que quedaron diseminadas a través del campo de batalla.

Detrás de todo esto, a lo lejos se divisaba el  Aeropuerto de Puerto Argentino, y casi enfrente, el faro de luz de la bahía Pembroke, donde se encuentra la hélice del Atlntic Conveyor buque Portacontenedores y modificado para despegue de aeronaves que el 25 de mayo de 1982 fue alcanzado por el Exocet MM-39 lanzado por un Super Etendard de la marina argentina.

Las lágrimas de dolor y emoción de la viuda de Jorge Alberto Konig, Teresa López y de la hija de ambos Silvia Konig, fueron una dolorosa postal que todos pudieron ver. De esta manera la familia cerró la historia de algo que se contaron muchas y de vivirlo en el lugar de los hechos aunque entre ellas ya no esté aquel soldado de la Patria que con 52 años era el encargado de manejar la usina eléctrica del aeropuerto argentino.

Así de regreso al hotel, y ya más en silencio, los héroes puntanos reflexionaron interiormente por lo visto y de vivido. Otros, en tanto, siguieron pensando, soñando e imaginando en lo que verán mañana y en los días sucesivos de su estadía en las islas.

Fuente: Agencia de Noticias

 

 

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