Periodismo: Una profesión de “alto riesgo”, “esencial” y sin “protocolo”

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“El periodismo consiste esencialmente en decir ´lord Jones ha muerto´ a gente que no sabía que lord Jones estaba vivo…” La reflexión pertenece Gilbert Keith Chesterton, conocido periodista y escritor británico que vivió entre los años 1874 y 1936. Lo llamaban “El príncipe de las paradojas”.

 Apelo un poco a su estilo para recordar que hoy 7 de junio es en Argentina el Día del Periodista.

La definición de Chesterton es tan exacta como actual. Es el punto de partida del periodista: contarle a su semejante lo que no sabía o no tenía conocimiento. Es una obligación hacerlo. Contarlo todo, poner en la superficie todo, en particular las cuestiones que hacen o afectan la vida social o comunitaria.

Como suelen decir para otros oficios, el periodismo es un mal necesario que, molesta, incomoda muchas veces al poder. Por eso –paradójicamente y hablando en términos de uso actual y corriente que trajo la pandemia-  es una profesión de “alto riesgo”, porque el periodista está muy expuesto; “esencial” y que actúa sin “protocolos”, porque para decir la verdad no se debe andar con muchos rodeos.

Vamos al grano. A cierta dirigencia argentina el periodismo le molesta y bastante. Voy a citar algunos ejemplos recientes para graficar la situación en la que hoy nos encontramos:

  • El ex juez de la Corte Suprema, aquel profesor de derecho penal del que todos nos enamoramos con su “Teoría del Delito”, Eugenio Zaffaroni, viene desde hace un tiempo atacando a un sector de la prensa. La semana pasada comparó a medios y periodistas con el nazismo. Dijo textual: “Los medios de comunicación son un partido único, como el de Hitler”.

La expresión le valió un gran rechazo social y me sumo y adhiero con mi repudio a esa frase.

  • El humorista Dady Brieva lanzó la idea, abonada por una amplia gama de dirigentes políticos, de crear una suerte de CONADEP para controlar lo que dicen los periodistas o qué se publica en la “prensa”. O sea un organismo censor  y regulador de las libertades de publicar. Una intensión descabellada.
  • Y en las últimas horas nos desayunamos con la noticia de que el ex presidente Mauricio Macri nos estuvo espiando. Sí, hay pruebas concluyentes y contundentes que Macri espió a unos 400 periodistas. Hizo minuciosos seguimientos de correos electrónicos, de SMS, WhatsApp y redes sociales.

Un espionaje repudiable. Sí el macrismo se dedicó a espiar de manera enfermiza, también a los periodistas, que además detestó en todo su Gobierno.

Son apenas tres experiencias como para graficar el cuadro. En mi recuerdo institucional de la fecha, menciono al “tapabocas” para advertir que sólo cumple una función sanitaria. Quien diga respetar al periodismo no debería pergeñar mecanismos para hacerlo callar.

Mi respeto, solidaridad y homenaje para quienes perdieron sus vidas, trabajos o familia por honrar la profesión.

Yamila Fernández

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