Kirchnerismo: Ni tan lejos que enfríe, ni tan cerca que queme ¿la clave para entender la derrota del PJ?

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Los popes del PJ nacional y de las provincias tomaron nota de lo ocurrido ayer en las PASO. No fue una noche sencilla, y menos aún tranquila. El clima generalizado fue de reproches, enojos y pases factura para ponerle un nombre y apellido a la derrota que sufrió el gobierno o mejor dicho el Frente de Todos, o más precisamente el kirchnerismo.

La elección del domingo fue una foto que el oficialismo nacional no quería ver y el presidente Alberto Fernández, así lo dejó entrever minutos antes de la medianoche: palabras más, palabras menos reconoció que recibió un castigo en las urnas  y hasta fue un poco más allá porque de alguna manera pidió ayuda para terminar su mandato.

En síntesis en el bunker donde estaba Fernández y su vice Cristina Fernández, encontraron bien rápido al responsable y le hicieron poner la cara a Alberto sin medir el costo, no político sino institucional. Porque dejaron en un plano de aún más debilidad al Presidente.

Sobrevoló en la reunión previa a reconocer la derrota otra causante del resultado: la pertenencia al Kirchnerismo, pero obvio ese argumento, con la “jefa” parapetada allí, a nadie se le ocurriría plantearlo, aunque en el fuero íntimo saben que el espacio atraviesa una crisis profunda y de efectos implosivos.

Los gobernadores e intendentes tienen clarísima esa situación, por eso desde hace un tiempo tomaron distancia del mundo K. Acompañan a Alberto F, pero hasta ahí nomás. El retrato del cierre de campaña en Tecnópolis muestra esta circunstancia de manera acabada. Por caso allí no estuvo el mandatario de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, quien horas antes de ese acto dijo de manera muy contundente que no era Kirchnerista, aunque aclaró que apoyaba y defendía al Presidente.

Volviendo a la derrota. El oficialismo nacional encontró un responsable: Alberto Fernández o su gestión o sus funcionarios o sus furcios o sus derrapes como la fiesta de cumpleaños de Fabiola en Olivos o el vacunagate o todo eso y más. Claro, son muchos yerros juntos como para que electorado se lo perdone.

Ahora bien bajando a casa y entrando en la vida doméstica puntana, qué análisis hace o hicieron el Frente Fuerza San Luis, cuyo principalísimo partido aliado es el Justicialismo. De momento lo único que trascendió fueron las palabras de la presidenta del peronismo puntano, María Angélica Torrontegui, quien reconoció la derrota y casi a tono con lo que hizo Fernández un par de horas más tarde, observó que la gente quiso transmitirle al Gobierno un mensaje o pedido de cambio.

Y en ese punto vale detenerse. Puertas adentro, en realidad creen que la pésima performance del gobierno nacional los arrastró y por eso perdieron frente a Claudio Poggi. “Hay clima de enojo muy fuerte de la sociedad con el Presidente y nosotros quedamos pegados o nos despegamos políticamente muy tarde”, observó un dirigente veterano.

Alberto Rodríguez Saá no está muy convencido de que la causa de todos los males sean los K. Aunque recuerda, que los mejores momentos políticos del peronismo sanluiseño siempre se dieron en escenarios donde estaban enfrentados con los gobiernos nacionales. Casi podría decirse que el poderío electoral provincial de Rodríguez Saá, a la par de gestiones eficientes, también se construyó a partir de esa pelea con Balcarce 50. Esto ocurrió desde el año 1983 hasta 2019. Con la asunción de Fernández, esa tirantez finalizó y todo fue ameno y de buenos socios Nación-Provincia, al menos en lo público.

Pero más allá de este “chaleco de plomo” que parece representar Alberto Fernández, en San Luis también pasaron situaciones que de alguna manera podrían haber condicionado, o condicionaron la derrota.

Veamos: La desaparición de Guadalupe Lucero; los preocupantes niveles de inseguridad; los recientes femicidios y el manejo de la pandemia el año pasado, en particular por el sistema de cuarentena que se instrumentó o el cierre de la Provincia. Son todas circunstancias muy sensibles, que afectan a la fibra humana misma y cuando hay dolor, por lo general no hay perdón o comprensión.

El gobierno no tiene la culpa de la desaparición de la pequeñita Guada. Pero es fuertemente cuestionado por toda la sociedad por cómo el Ministerio de Seguridad y la Policía trazaron la estrategia para encontrarla. Está instalada en la gente la sensación de que se actuó con impericia en las horas que siguieron al momento en que fue vista por última vez la niña.

La inseguridad es un fenómeno tremendo que provoca mucha angustia. San Luis era una provincia tranquila, con hechos delictivos menores, pero desde hace unos años la violencia en los robos, el consumo y tráfico de drogas van en aumento. De hecho hay al menos un homicidio, el del joven Ochoa en Cortaderas que está vinculado al tema estupefacientes y aún no puede ser esclarecido. El crimen está impune.

Los dos femicidios ocurridos en los últimos meses también aportan a un clima de malestar. En realidad el gobierno no tiene responsabilidad en esas muertes, pero señalan a la ineficacia de la Justicia y por ende cae el Estado en la crítica.

Y la “bendita” pandemia vino a terminar de complicar todo eso. Mayoritariamente la gente rechazó el año pasado la política aplicada respecto a la cuarentena y al cierre de los límites. Cientos de familias cuentan historias dramáticas de lo que tuvieron que vivir y padecer a causa de esas restricciones. Como se dice en párrafos más adelante, son cuestiones que tocan la sensibilidad de las personas.

Con todo las PASO de ayer dejaron al Frente Unidos por San Luis que lleva como candidato a diputado nacional a Claudio Poggi como el más votado (sacó el 46,86% de los votos -121.607 sufragios).

Fuerza San Luis, encabezado por María José Zanglá, se convirtió en el segundo espacio más votado con el 37,41% de los votos, algo así como 97.068 sufragios.

Unidos por San Luis le sacó a Fuerza San Luis una diferencia de 24.539 votos sobre un total de 253.461 votos positivos emitidos en las 1.239 mesas habilitadas.

Esta es la foto de ayer. La del 14 de noviembre, ¿podrá modificarse?

Yamila Fernández

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