La bandera de EE UU vuelve a flamear en suelo cubano

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El secretario de Estado de EEUU encabezó la reapertura oficial de la embajada norteamericana en Cuba y la ceremonia que puso a flamear la bandera de las barras y las estrellas sobre el malecón habanero, 54 años después de que ambos países rompieran sus relaciones


 

La ceremonia de reapertura de la embajada de Estados Unidos en La Habana es un hecho histórico, que concentró ayer la atención internacional, y a la vez sólo un paso más en un proceso de restablecimiento de relaciones diplomáticas tras 54 años de confrontación que, según coincidieron el secretario de Estado, John Kerry, y el canciller Bruno Rodríguez, integra «el largo proceso de construcción de confianza» en una relación bilateral que deberá cimentarse en el respeto a las diferencias y la soberanía de las partes.

La bandera estadounidense flameando de nuevo sobre el edificio ubicado en medio del malecón (la costanera) de La Habana es un hecho que pocos imaginaron durante los últimos 50 años de historia, tal como lo reconoció en su breve discurso de presentación el encargado de negocios de los Estados Unidos, Jeffrey DeLaurentis, en los hechos quien dirige la sede.

«Comencé mi carrera en este edificio, pero jamás imaginé que llegaría este día», destacó frente al mástil.

Tal como estaba previsto, Kerry, el protagonista principal de la jornada, llegó acompañado de una comitiva de funcionarios, congresistas, autoridades e invitados especiales, entre ellos varios empresarios cubano-americanos, y mencionó en su discurso los temas que preocupan a Estados Unidos en su relación con Cuba: derechos humanos, libertades individuales, democracia y negocios.

«Sabemos que el camino hacia unas relaciones plenamente normales es largo, pero es por ello que tenemos que empezar en este mismo instante. No hay nada que temer, ya que serán muchos los beneficios de los que gozaremos cuando permitamos a nuestros ciudadanos conocerse mejor, visitarse con más frecuencia, realizar negocios de forma habitual, intercambiar ideas y aprender los unos de los otros», dijo en un español trabajoso pero mucho más claro que cuando habló en la reapertura de la sede cubana en Washington, el 20 de julio.

Agregó que Estados Unidos y Cuba no son ya «dos pueblos enemigos ni rivales sino vecinos. Es el momento de desplegar nuestras banderas, enarbolarlas y hacerle saber al resto del mundo que nos deseamos lo mejor los unos a los otros», dijo casi sobre el cierre, nuevamente en español.

La escena más emotiva, como se esperaba, fue la ceremonia del izado de la bandera estadounidense, de la que participaron los tres marines que en enero de 1961 la arriaron por última vez antes de la fractura de relaciones.

Larry Morris, Mike East y Jim Tracy aguardaron frente al atril con la bandera plegada entre sus manos y la cedieron a tres marines de la generación actual para que la izaran mientras la banda militar tocaba el himno de los Estados Unidos y tanto dentro como fuera del perímetro de la delegación diplomática, donde había más de 600 personas, hubo gritos y aplausos de festejo.

Tras el acto, Kerry se reunió con su homólogo cubano, Bruno Rodríguez, en un encuentro bilateral que luego fue comentado por ambos en una conferencia de prensa conjunta. La noticia central fue la creación de una comisión bilateral que confeccionará a partir de las primeras semanas de septiembre la agenda para continuar con el descongelamiento.

Allí, Rodríguez reiteró el pedido de que el congreso de los Estados Unidos levante el embargo comercial que rige sobre la islas, así como la devolución de la base naval de Guantánamo, donde «se tortura a la gente que está detenida en un limbo jurídico», mientras que Kerry, en un tono más contemporizador, retomó la defensa de los derechos humanos individuales y las libertades políticas tanto dentro de la isla como en el mundo.

Ambas partes reconocieron el rol que jugó el Papa Francisco en la reanudación de las relaciones bilaterales anunciada el 17 de diciembre por los presidentes Barack Obama y Raúl Castro.

«Estoy muy entusiasmado con la visita» del Sumo Pontífice a Cuba, dijo a Télam el Arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Ortega, momentos antes de participar del evento organizado en la embajada y de mantener una reunión con el secretario de Estado norteamericano.

Muy cerca de Ortega estaban sentados los hermanos Hidalgo, que llegaron desde Miami para cerrar el círculo que había quedado abierto cuando su madre abandonó la isla tras haber sido detenida durante la invasión de Bahía de Cochinos.

«No pude parar de llorar. Hemos oído de Cuba, de todo lo que ha pasado por más de 40 años y estar aquí este día y ver que estamos entrando en una nueva relación, nuevo período ojalá de paz y amistad», comentó emocionada Bibi Hidalgo, de 43 años, junto a su hermano Patrick.

La agenda de Kerry en La Habana incluyó por la tarde una recepción en la residencia del encargado de la embajada, DeLaurentis, a donde se anunció serían invitados miembros de la disidencia cubana, artistas y otros invitados especiales que no participaron de la ceremonia oficial de la mañana.

El secretario de Estado tiene previsto su regreso a Washington en las primeras horas de la noche y no se descartaba que concretara una caminata espontánea por el casco de La Habana Vieja, tal había manifestado el funcionario previo a su llegada.

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